Hubiera resultado de muy mal gusto, y también una desatención grave hacia su fiel, generoso y servicial patrocinador estadounidense, que Israel hubiese continuado la ofensiva contra Gaza, haciendo posible de ese modo que los noticiarios televisados de todo el mundo hubieran podido alternar las brillantes imágenes de los fastos de la toma de posesión de Obama en Washington (con las que todas las cadenas nos van a abrumar a partir de hoy) con otras imágenes obtenidas en Gaza, éstas sangrientas y siniestras, mostrando fuego y explosiones, viviendas incendiadas y destruidas, cadáveres despedazados de hombres, mujeres y niños, y familias en duelo, presas de la más absoluta desesperación.